¿Cuál era el crimen?

Mientras Abraham se recupera de la circuncisión, la Torá esta semana nos narra cómo fueron completamente destruidas las ciudades de Sodoma y Gomorra. 

Y vale la pena hacer un alto en la lectura y preguntarnos, ¿cuál fue su crimen?, ¿qué podía ser tan terrible para que no tuvieran la posibilidad de arrepentirse y redimirse?, ¿cuál era la falta colectiva que los caracterizaba, y de la cual no podían liberarse?

Pero por mucho que buscamos, la Torá no nos da detalles. Podemos suponer muchas cosas, pero no aparece nada claramente escrito. 

Lo que sí encontramos es que los habitantes de Sodoma pensaban castigar a Lot, el sobrino de Abraham, por haber recibido a los viajeros que entraron a la ciudad, ya que le dicen:

¡Ahora te trataremos a ti peor que a ellos! Entonces empujaron al hombre, a Lot, con fuerza y se acercaron a romper la puerta.”
– Gén. 19:9

Los sabios del Talmud explican que en Sodoma había una ley que no permitía la entrada de viajeros a su ciudad. Lot había traspasado esta ley y debía ser castigado adecuadamente. 

Por lo tanto, ¡el crimen de Sodoma era la falta de hospitalidad, su absoluta carencia de compasión y amabilidad! Y esto es ya de por sí terrible en cualquier circunstancia, pero aún más, tratándose de las sociedades de la época, donde todos experimentaban en algún momento, la necesidad de abrigo, comida y protección, mientras se desplazaban de un lugar a otro. 

Por supuesto que podemos argumentar que cada país, cada sociedad es libre de crear sus propias leyes, tradiciones y costumbres, pero también debemos preguntarnos ¿qué lleva a una comunidad a elegir prohibir la llegada de los extranjeros? ¿Por qué ese concepto puede considerarse como algo bueno? Y además, ¿por qué Lot escogió vivir ahí?

En la parashá de la semana pasada, leímos que Lot eligió vivir en Sodoma  ya que, al igual que Gomorra,  las dos ciudades parecían una copia del jardín del Edén. En medio de un terreno árido, estas dos ciudades estaban bañadas por el río Jordán, lo que hacía que sus alrededores fueran verdes, llenos de plantas y terrenos fértiles que generaban riquezas de todo tipo. Pero lo que no nos mencionó la Torá, era que sus habitantes eran malvados.

Y es que cuando estudiamos el Pirké Avot, aprendemos que hay cuatro categorías de personas. Leemos:

  • El que dice: ‘Lo que es mío es mío, y lo que es tuyo es tuyo
    es el tipo promedio
  • El que dice: ‘Lo que es mío es tuyo y lo que es tuyo es mío
    es un ignorante
  • El que dice: ‘Lo que es mío es tuyo y lo que es tuyo es tuyo
    es un justo
  • El que dice: ‘Lo que es tuyo es mío y lo que es mío es mío
    es un malvado

Pero nuestros sabios explican que el tipo de Sodoma es que consideramos promedio, el que dice: Lo que es mío es mío y lo que es tuyo es tuyo. 

¿Por qué? Pues porque muestra un estado emocional de distanciamiento; de indiferencia hacia los menos afortunados. Es igual que decir: tus problemas no me interesan, no me afectan, por lo tanto, no me involucro. Aléjate. No me molestes con lo tuyo, yo no te molesto con lo mío. 

Y se trata de una falsa forma de comprender lo que normalmente consideraríamos como el “orden correcto de la sociedad”, donde lo más fácil es darse la vuelta e ignorar el dolor ajeno. 

Cuando nos detenemos a leer la historia de Sodoma y Gomorra, vemos un contraste absoluto con la primera parte de esta parashá, que nos cuenta cómo Abraham da la bienvenida a tres caminantes desconocidos.

Estas dos historias nos muestran que las cualidades de compasión Jésed y juicio Guevurá, crean las bases de dos formas de evolución social totalmente diferentes:

Abraham es el representante por excelencia de Jésed y Sodoma, obviamente aquí nos sirve de espejo para mostrar Din – Guevurá absoluta. Observemos esto con tres ejemplos.

Abraham no se jacta de sus riquezas materiales. Vive en una tienda con lo estrictamente necesario y esta tienda está abierta a los cuatro costados, para que todos puedan entrar.  Sodoma es una ciudad con construcciones sólidas, casas con objetos valiosos y todo se mantiene cerrado para que no atraiga la atención de los extranjeros. 

Abraham espera ansioso que pasen los viajeros y recibe con gran alegría a tres personas que nunca ha visto y no tiene referencia de quiénes son. En Sodoma, los vecinos están molestos porque hay huéspedes en la casa de Lot y no quieren que pasen la noche ahí.

Abraham pide a Sará que prepare comida para los viajeros y ella lo hace rápidamente y con alegría. Es parte de la rutina de su hogar. Lot solicita a su esposa que se aliste para marcharse, y a ella le resulta imposible separarse de sus pertenencias. 

Nuestros sabios nos enseñan que en la vida se nos presentan dos tipos de pruebas: la prueba de la riqueza y la prueba de la pobreza. Y nos aseguran que la prueba de la riqueza es mucho más difícil de superar que la de la pobreza, porque requiere que estemos dispuestos a compartir con los demás nuestra abundancia y al hacerlo, demostramos que las cosas y las posesiones no nos esclavizan. 

Hoy pido que seamos capaces de despertar en nosotros las cualidades de compasión que movían al patriarca Abraham, de manera que podamos extender nuestras manos para ayudar a los que nos rodean; a los conocidos y a los desconocidos, de manera que podamos crear un mundo de paz y armonía para toda la humanidad. 

¡Ken yehí ratzón! ¡Que así sea!


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