Con la parashá Vayejí, terminamos el libro de Bereshit, el libro del Génesis. Este parashá está llena de temas interesantes de los que pudiéramos hablar, por lo que los invito a leerla en casa y prestar atención a qué parte de ella toca sus almas.
Se trata del final de la saga que comenzó con la creación del mundo y de los primeros seres humanos y que nos llevó a través de los diversos niveles de evolución de la conciencia humana. Hoy, nos encontramos siendo testigos de la muerte de Yaakov y Yosef, y con el comienzo oficial de la esclavitud de sus descendientes en Egipto.
Pero hay algo que atrajo mi atención mientras estudiaba. Se trata del episodio en el cual Yaakov le pide a Yosef que le traiga a sus hijos para bendecirlos. ¿Se acuerdan?
Yosef cumple con la voluntad de su padre, trae a sus hijos y, a sabiendas de que Yaakov ha perdido su vista, coloca a Manassé, el mayor de los muchachos, a la derecha de Yaakov, y a Efraim, el segundo, a la izquierda; de manera que se le facilite a Yaakov extender sus manos, colocarlas en las cabezas de los jóvenes, y bendecirlos de acuerdo con la antigua costumbre, en la cual el padre coloca su mano más fuerte sobre la cabeza del primogénito.
Pero Yaakov cruza sus manos y coloca la derecha sobre la cabeza de Efraim y la izquierda sobre la cabeza de Manassé. Yosef, que observa lo que está sucediendo, se acerca y trata de convencer a su padre para que cambie la posición de sus manos, diciéndole: ‘así no, papá, porque Manassé es el primogénito. Coloca tu mano derecha sobre su cabeza’; pero Yaakov se niega y dice: ‘Yo lo sé, hijo mío. El también se convertirá en multitudes y tendrá abundancia, pero su hermano menor lo superará y sus descendientes serán más numerosos.’
Yaakov entonces los bendijo diciendo: “con sus nombres Israel bendecirá a sus hijos diciendo: ‘que el Ser Infinito te haga como Efraim y Manassé’ y Yaakov mencionó a Efraim antes que a Manassé.”
¿Por qué hace esto Yaakov? ¿Es que no ha aprendido la lección de que crear rivalidad entre hermanos es una receta segura para la tragedia?
Los sabios nos dicen que Yaakov, con su visión profética, vio que Efraim sería más importante que su hermano y sintió que debía honrar dicha realidad. Suena muy bonito, pero inmediatamente vino a mi mente el hecho de que esta no es la primera vez que esta misma experiencia sucede en el libro del Génesis, donde el hijo menor es seleccionado por encima del primogénito. Recordemos la lista:
Caín y Abel. D-s prefirió el sacrificio ofrecido por Abel, el más joven, por encima del ofrecido por Caín. (Bereshit 4:1-5).
Jafet y Shem. Noé tiene 3 hijos: Jafet, Canaán y Shem. Jafet, el primogénito, pierde su estatus, y es Shem quien es bendecido con el liderazgo espiritual. “Noé dijo: Bendito sea El Eterno, D-s de Shem. Canaán será su esclavo. Que D-s extienda los límites de Jafet y que viva en las tiendas de Shem. Canaán será el esclavo de ambos.” (Bereshit 9:25-26).
Ishmael y Yitzjak. Yitzjak, el hijo menor de Abraham, es elegido para ser “el padre” de la futura nación. (Bereshit 17:15-21).
Esaú y Yaakov. De los dos hijos de Yitzjak, es Yaakov, el menor, quien obtiene la bendición de su padre, no importa los métodos utilizados.
Rubén, el primogénito de Yaakov, también es rechazado por su padre como líder familiar, y esta responsabilidad se la transfiere a Yehudá y a Yosef.
Er, el mayor de los hijos de Yehudá, muere prematuramente y lo mismo le pasa a su hermano Onán, quedando vivo solamente Shela, el menor de todos.
De los hijos de Yehudá y Tamar, es Peretz, el segundo de los gemelos, cuyos descendientes adquieren importancia.
Y finalmente, en nuestra lectura de hoy, Manassé, el primogénito de Yosef es dejado de lado y sus “derechos” se le transfieren a Efraim…
Si continuamos leyendo el resto de la Torah, encontraremos que el mismo patrón se sigue repitiendo…
Entonces, ¿cuál es el sentido de este patrón? ¿Por qué el primogénito tiene que enfrentar la humillación de verse relegado por el hermano menor? ¿Qué quiere enseñarnos la Torá con esto?
Veamos algunas ideas. El concepto de “primogénito” representa la primera expresión de la fuerza y las posibilidades creativas de los padres.
Todos nosotros sabemos cuánta expectación y energía se invierte en el nacimiento del primer bebé de la familia. ¡Cuántas expectativas creamos alrededor de este pequeño bebé que acaba de nacer! Y esto no significa que no tenemos expectativas o alegría con los otros nacimientos, es simplemente que el primogénito tiende a representar todo el entusiasmo de ser padres por primera vez.
Pero si nos preguntamos qué ha hecho el primogénito para merecer todo ese despliegue de atención, veremos que nos resulta imposible encontrar una respuesta. ¡La verdad es que el primogénito no ha hecho nada para merecer todos los honores que se le brindan!
Considerando esto, podemos decir que el primogénito, como paradigma, como arquetipo, representa todas las ventajas de la vida que le tocan a un individuo, sin que haya tenido que realizar ningún esfuerzo o trabajo para merecerlas. Por lo tanto, podríamos describir los ‘derechos de primogenitura’, como regalos inmerecidos.
Por otro lado, el hijo menor representa lo opuesto. El no es lo suficientemente afortunado de haber nacido primero y tiene que trabajar duro para lograr las mismas ventajas. El hijo menor representa todos los logros de la vida que son producto del esfuerzo personal y del sacrificio, en vez del privilegio.
Con esto en mente, podemos ver que la Torá nos está enseñando que, para adquirir liderazgo en todo lo relacionado con el mundo espiritual, los regalos no merecidos no son suficientes.
Una persona que haya nacido sin las ventajas que brinda el dinero, el apellido o el estatus social, no está limitado en su posibilidad de alcanzar altos niveles de honor y conocimiento.
Lo que es importante aquí es entender el concepto de “primogénito” más allá de su mensaje literal, y considerarlo un término genérico que describe todos aquellos aspectos de nuestra vida que nos brindan beneficios, sin ser consecuencia directa de nuestro esfuerzo.
Maimónides, mencionando la Mishná, nos dice:
Vemos aquí que el sacerdocio y la realeza están contrastados con la Torá. Ellos representan ejemplos de ventajas inmerecidas, ya que uno nace en esa familia o no. El Israelita no kohen nunca puede servir en el templo, y solamente los descendientes de David pueden ser reyes. El estudio de la Torá, por el contrario, requiere esfuerzo y trabajo personal, nada más. “Quienquiera que la desee, que venga y la tome”.
Es muy interesante ver que de todas las personalidades mencionadas en el libro de Bereshit, solamente un primogénito logró mantener su estatus. Saben a quién me refiero: Abraham. “Estos son los descendientes de Teraj: Teraj engendró a Abram, Najor y Jarán, y Jarán engendró a Lot” (Bereshit 11:27).
Si la ventaja de ser el primogénito representa potencial, entonces Abraham tuvo éxito actualizando ese potencial. Los otros primogénitos no se dedicaron lo suficiente al servicio de La Fuente Infinita, para merecer la importancia de su estatus. Y por esta razón, fueron reemplazados.
Que todos nosotros seamos capaces de seguir los pasos de nuestro padre Abraham y logremos desarrollar todo nuestro potencial, todas las bendiciones que se nos dieron al nacer, y que las ofrezcamos como regalo para la humanidad, de manera que podamos surgir, por nuestros propios méritos, al nivel de “primogénitos de Israel”.
Shabbat Shalom

