El poder de esta primera porción está en que la última letra de la Torá es Lamed (ל) y la primera letra de esta porción es Beth (ב) y si se juntan ambas letras se forma la palabra Lev (לב), que significa corazón.
Se requiere un corazón que lata incansablemente cada día para caminar por la senda que marca la Torá para acercarnos al Creador a través de nuestros pensamientos, palabras y acciones.
Considero que es la porción mas importante de la Torá porque es cuando se siembra la semilla de la renovación interna.
Es la semilla de acciones y decisiones que construirán el sendero de un nuevo ciclo.
La pequeña semilla, sembrada en la obscuridad del suelo, recibió el espacio suficiente para crecer, el agua y los nutrientes.
La semilla se quedó ahí sin saber en lo que se podría convertir, aunque internamente sabía que su destino era algo grande.
Al paso de los días, empezó un proceso de abrirse y empezó a echar raíces que crecían lentamente; al mismo tiempo sus pequeñas hojas buscaron la luz.
Muchos años después la semilla se transformó en un roble, que representa la fuerza, y aunque llegue la tormenta se mantiene firme y sólido.
De la misma forma, nosotros somos esa pequeña semilla y estamos iniciando un nuevo ciclo de estudio que será un proceso de esfuerzo, dedicación y entrega, que nos llevaran a una transformación interna, fuerte y sólida, que nos permita reconocer al Creador en todo lo que nos rodea.
Esta porción nos recuerda que, para manifestar la fuerza divina en nuestra vida, debemos transmutar nuestra propia oscuridad en luz, tal como lo hace la semilla.
Olga Nakamura
Bereshit 5786, 2025

