Historias de infinitas posibilidades

Hoy iniciamos el libro de Shemot, el libro de Exodo, el segundo libro de la Torá, en el que se narra la historia de la salida del pueblo de Israel de Egipto.

Y en esta primera parashá, nos encontramos rodeados de historias maravillosas, que contienen un mensaje claro si se leen e interpretan simplemente como aparecen, pero que  poseen una grandeza impresionante en cuanto comenzamos a cuestionarnos acerca de los pequeños detalles que llaman la atención en el texto, y que de repente, nos revelan otros universos, otras posibilidades. 

Por ejemplo, ¿no les parece increíble que de todos los bebés que nacieron en aquellos días, solamente se salvara Moshé? 

¿Por qué era tan especial? ¿Y por qué solo Yojeved trató de salvar a su hijo? ¿Las demás mamás no tenían imaginación? ¿Y por qué ponerlo en el Nilo, justamente en el mismo lugar adonde ahogaban a todos los bebés? ¿No les parece extraño?

Para muchos historiadores y críticos literarios, estas preguntas se responden muy fácil diciendo que Moshé en realidad es un personaje ficticio, que nunca existió realmente, y que su historia es lo que se conoce como la historia de los orígenes de un pueblo, en la cual se narra el nacimiento extraordinario y la infancia llena de aventuras del héroe de turno. 

En este caso, se cumple con todos los requisitos. 

Solo Moshé fue puesto en el Nilo, solo él fue rescatado por la hija del faraón, solo él creció en el palacio real… 

Encontramos historias similares en los textos egipcios y mesopotámicos, con Horus, el hijo de la diosa Isis, y con Sargón, el rey de Acadia. Sí, por si no lo sabían, ambos personajes fueron rescatados de las aguas flotando en una cesta en el río. 

Pero la historia de Moshé va más allá, tiene muchos más detalles y componentes místicos de los que podemos imaginarnos. 

Se dice que al nacer, la casa se llenó de luz y que su hermana Miriam, quien entonces tenía cinco años, no pudo contenerse y de sus labios brotaron palabras proféticas que anunciaron que su hermanito sería un gran líder y que sería el que liberaría al pueblo de la esclavitud. 

Y es sumamente interesante prestar atención al hecho de que la narrativa del nacimiento y rescate de Moshé, no involucra a los hombres de la familia. 

Al escuchar el decreto del faraón en el que ordenaba matar a todos los varones que nacieran, Amram, el padre de Miriam y Aarón, decidió divorciarse de su esposa, y abiertamente motivó a todos los hombres de la comunidad a hacer lo mismo, para no tener que ver morir a los posibles hijos que nacieran de las uniones conyugales. Nuevamente, es el valor y jutzpá de Miriam quien cambia el curso de la historia, cuando confronta a su padre y le dice que al divorciarse, está actuando peor que el faraón, ya que el decreto del faraón impide la vida solamente de los varones, pero él está impidiendo la vida de las mujeres al mismo tiempo. Amram encontró sabiduría en las palabras de su hija y se casó nuevamente con Yojeved, y el resto es la historia que recién comienza a relatarse en la Torá. 

Definitivamente, Miriam se manifiesta como una mujer de pensamiento claro, de palabra fuerte y justa, una líder en todo el sentido de la palabra, que descollará junto a sus hermanos en los planes que la Fuente de la Vida tiene para ellos. 

Las mujeres siempre aparecerán junto a Moisés en la narrativa de Shemot, como puntos de apoyo fundamentales para realizar su labor. 

Su madre Yojeved, de bajo perfil, es capaz de amamantarlo, nutrirlo y entregarlo generosamente, para que crezca rodeado de lujos y pueda cumplir su destino. 

Su madre adoptiva, la princesa Thermutis, lo cuida y lo proteje como un hijo verdadero, y lo prepara para que sea un gran líder egipcio, pero cuando Moisés encuentra su destino, ella no solo lo apoya, sino que lo acompaña en su salida de Mitzrayim, y adquiere el nombre hebreo de Bat-Yah, hija de D-s. 

Pero hay más. Bat-Yah es una de los pocos mortales que ha merecido escapar a la muerte, y entrar al Gan Eden sin tener que sufrir la muerte física. 

Y podríamos continuar por horas enumerando las muchísimas historias dentro de las historias, que nos transportan a otras realidades, a mensajes más profundos, a kaleidoscopios de imágenes arquetípicas que viajan en nuestro ADN, a infinitas posibilidades de sumirnos dentro de la narrativa y encontrar al Moshé y a todos los demás personajes, que viven en nosotros; que se manifiestan en nuestra vida, en nuestra sonrisa, en nuestra mirada. 

Por eso, hoy pido que esta lectura despierte en nosotros las cualidades de liderazgo, coraje, sabiduría, intuición, y que las utilicemos para transformar el mundo que nos ha tocado vivir en un lugar más amable, más justo, más compasivo, más acorde con los planes divinos. 

¡Kein yehí ratzón! ¡Que esa sea la voluntad divina!


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